La nueva campaña

La nueva campaña de la ONU (“No elijan la extinción”), orquestada para concienciar acerca de las consecuencias catastróficas del cambio climático, ha dejado indiferentes a muy pocos. No puede negarse que este hecho, ante la avalancha abrumadora de información diaria, ya constituye de por sí un éxito. Ciertamente, empieza a ser habitual que empresas e instituciones se posicionen explícitamente sobre este asunto que a todos nos concierne. Pero, ¿qué tiene esta de especial? 

El video en cuestión al que hacemos referencia, de aproximadamente dos minutos y medio de duración, arranca con una vista panorámica de la imponente fachada de la sede de la ONU en Nueva York. De inmediato, se muestra el interior del hemiciclo donde una plétora de burócratas contempla con estupefacción cómo un Tiranosaurio rex, al más estilo Jurassic Park, se adentra en la sala y toma la palabra en el célebre podio de la Asamblea General. Es evidente que nada semejante estaba previsto, que la orden del día será pospuesta, pues hay un importante mensaje que este representante de una especie extinta tiene que comunicarnos a los humanos del presente.

Grosso modo, el mensaje es el siguiente: en calidad de miembro de la última gran extinción en la Tierra, ocurrida hace aproximadamente 70 millones de años, este portavoz tiene la encomienda de recordarnos dos hechos trascendentales. En primer lugar, que la extinción lejos de ser una amenaza vacua es posible y real (y, para botón de muestra, él mismo) y, en segundo lugar, que una diferencia trascendental distingue afortunadamente aquella extinción de la que podría ocurrir ahora, y es que si la precedente obedeció al impacto de un meteorito inevitable, esta depende directamente de nosotros.   

La estrategia utilizada es interesante por varios motivos. Tanto la elección de los protagonistas como el efectismo de la puesta en escena, prescinde de los lugares comunes más tradicionales, y este riesgo tiene un especial valor tratándose de una institución como la ONU, que tiende a decantarse por protocolo y decoro diplomático por estrategias más conservadoras. En este sentido sorprende, por ejemplo, la inclusión de técnicas de animación típicamente hollywoodienses o la adopción de un estilo desenfadado en el guion. Este hecho probablemente responde al deseo de conectar con un público joven. Tampoco parece fortuito, a este respecto, el recurso de la distopía para enmarcar esta historia. Desde hace aproximadamente dos décadas, tras los atentados del 2001 y la crisis del 2008, proliferan novelas, series, films, etc., explotando sistemáticamente este recurso. Y aunque, efectivamente, el discurso proferido por el dinosaurio deja entreabierta una rendija de esperanza, la principal emoción movilizada como palanca persuasiva es el miedo, el miedo ante el futuro.

Críticas

Aunque la estrategia de la campaña, sin duda, es original, no está exenta de posibles críticas. Por destacar alguna, llama la atención la variedad de temas que se ponen en juego en la filípica del dinosaurio; en cuestión de unos segundos se hacen entrelazar la subvención de impuestos fósiles, la pobreza mundial y la reconstrucción de las economías tras la pandemia. Ante tal incertidumbre, se torna necesario acudir a la web de la ONU para advertir de inmediato que, en realidad, esta campaña solo es parte de una más amplia, cuyo objetivo específico es desincentivar el subsidio de los combustibles fósiles. Una vez esclarecido el propósito, es pertinente hacerse unas cuantas preguntas: ¿llega este video a todos los públicos a los que en principio debería estar también dirigido (por ejemplo, a los representantes políticos, a los accionistas de las empresas, etc.? ¿Hay coherencia entre mensaje y destinatario? Prosigamos: ¿Está bien articulado el mensaje? Dicho de otro modo, ¿la producción de combustibles, y sobre todo su sistema generalizado de subsidios, es realmente la causa del cambio climático o, más bien, el epifenómeno de algo más profundo y estructural? ¿Si mañana, hagamos este ejercicio hipotético de ciencia ficción, se eliminaran repentinamente los subsidios, desaparecería el problema? Parece que no y, por lo tanto, el problema presume ser bastante más complejo. Desafortunadamente, ni la pobreza en el mundo se erradicaría desviando el monto de los subsidios hacia los mal denominados países del “tercer mundo” (por no mencionar las consecuencias inflacionarias que esta decisión comportaría para los del “primero”), ni parece que contemos con la tecnología y la inversión suficientes, al menos con la presteza con la que se nos conmina en el video, para transitar en esta fase de salida de la pandemia hacia un sistema de producción y consumo más sostenible.

Conclusión

Así las cosas, ¿no hubiera sido, por ejemplo, más justo y eficaz evidenciar que el problema del cambio climático no es una amenaza a medio o largo plazo, sino algo que ya está produciendo estragos irreversibles y afectando a las zonas más pobres del planeta? ¿Y si en vez de jugar con un caso análogo de un pasado remoto (la última gran extinción), el protagonista hubiera sido un niño o una niña, por ejemplo, de las Islas Salomón que hubiera perdido su territorio vital bajo el alza del nivel del mar? ¿O un miembro de alguna comunidad del África subsahariana que se hubiera visto obligado a emigrar por la desertificación y la pérdida de su modo tradicional de subsistencia? Puede que esta sea una de las estrategias persuasivas que deberíamos empezar a poner en práctica a la hora de comunicar los efectos del cambio climático. Pues, ¿qué moviliza más, la retrospección o el presente? Esta catástrofe en ciernes no es cosa por venir, convive ya a todas luces entre nosotros, aunque es evidente que no afecta a todos por igual. En cualquier caso, el video de la campaña evidencia que hay dos velocidades, o dos maneras de procesar lo que está sucediendo: para nosotros el occidente rico y máximo responsable el cambio climático todavía sigue siendo más discursivo que real, para el resto sin voz ni visibilidad un hecho con el que tener que batallar todos los días.